Una fina llovizna ocultaba el paisaje de la fría y extraña mañana de primavera. Podría ser como otra día cualquiera, pero este era especial. Esteban sabía que la situación había llegado al límite, y que ya era insostenible. No podría mantener el anonimato, ahora debería dar la cara, y tratar frente a frente con aquella persona, con la cual había tratado tantas veces.
Esta vez iba a estar en un terreno desconocido. En los encuentros a través de la red, siempre había tenido ventaja. Dominaba la situación, la red era su medio, su mundo, donde disponía de toda la información, donde podía controlar cualquier situación. Pero esta vez sería diferente.
Habían quedado en una cafetería desconocida, en el centro de la ciudad, un terreno aparentemente neutral, pero donde Esteban se sentiría como un pez fuera del agua. Sabía que las relaciones en persona no eran su fuerte, sabía que se ponía nervioso, que le sudaban las manos, que dudaba en cada frase.
Caminaba bajo la fina cortina de agua mirando al suelo. Pensando cada frase que diría. Cada gesto que haría. Llevaba tres semanas preparando esta conversación, y no iba a dejar que se le fuera de las manos. Hasta hoy había controlado la situación, y era de vital importancia seguir manteniendo ese poder.
Llegó a la puerta de la cafetería tal y como había planeado, cinco minutos tarde. Eva ya debería estar dentro. Ella no había facilitado ninguna foto, pero Esteban tenía medios, y encontró una en la red. No fue nada fácil, pero estaba seguro de esa era su cara, no había duda. Llevaba ventaja, puesto que ella no podría conocer su rostro.
Tiró una moneda al aire, para terminar de decidirse si en realidad quería finalizar este trato, o no. Salió cruz. Aún así decidió entrar.
Las manos le temblaban, hoy no había tomado su medicación. Necesitaría estar completamente despierto si quería que todo saliera bien. Reconoció a Eva sentada en una mesa apartada. Tenía un periódico que ojeaba sin demasiado interés. No parecía nerviosa, aunque debería, sabiendo lo que estaba en juego. En ese momento ella miró hacia él, e inmediatamente él apartó la mirada. Respiró hondo. Sabía que ya no había marcha atrás, ella había notado que la estaba mirando.
Decidido, se acercó a ella con paso firme, se sacudió un poco la ropa mojada, y le extendió la mano.
- Soy Esteban, tú debes de ser Eva.
- ¿Cómo me has reconocido? Creía que esto sería más complicado.
- Tengo mis recursos. Como ya te dije, yo me encargaría de encontrarte. Y lo he hecho.
Esteban retiró una silla, y se sentó junto a ella, sin dejar de mirarla a los ojos. Sabía que si dudaba ella se confiaría, y perdería toda la ventaja que había conseguido al reconocerla.
- Bien, quieres tomar algo, invito yo. - Dijo Eva amablemente, como si fueran íntimos amigos.
- No tomaré nada, gracias. Dejémonos de rodeos, y vayamos al grano, que es lo que nos interesa a ambas partes implicadas en esto - Dijo Esteban de forma seca y cortante.
- Vale, tampoco hace falta que te lo tomes así. Sólo son negocios. - Replicó Eva, dejando el periódico de lado, y sacando un maletín que tenía al lado.
De repente se oyó un golpe a la espalda de Esteban, e instintivamente todo el mundo allí presente miró qué es lo que había pasado. Un camarero había tropezado con otra persona, y estaban discutiendo acaloradamente. Cuando Esteban volvió la vista, vio como un hombre con chaqueta, y gafas oscuras se hacía con el maletín de Eva, e intentaba escapar.
Eva intentó resistirse, pero le había pillado desprevenida, y no pudo hacer nada. Intentó sacar algo de debajo de la mesa, pero no encontró lo que buscaba, y el hombre huyó sin demasiados problemas, mientras todo el mundo se quedaba mirandolo boquiabierto.
- ¡Maldita sea! - Maldijo Eva mientras golpeaba la mesa.
Esteban no podía creer lo que había visto, esto no lo había planeado, cualquier cosa menos esto. Improvisó rápidamente, era cuestión de vida o muerte.
Inmediatamente Esteban salió corriendo, tropezando con la silla, tras el extraño, mientras que Eva sacaba un móvil y hablaba acaloradamente con alguien. Por lo visto ella tampoco había previsto esta situación.
Al salir a la calle, miró a la izquierda, y se dio cuenta de que con esta lluvia sería difícil perseguir al ladrón. Sin embargo al mirar a la derecha pudo distinguirlo perfectamente. Salió corriendo tras él, velozmente. Aún era joven, y mantenía una buena forma física. Pensó que quizás no estaba todo perdido, que podría alcanzarlo.
El hombre trajeado giró en la primera calle a la derecha, Esteban cogió una rama que había caído por la lluvia, no iba a permitir que esto le pasara, llevaba demasiado tiempo tras este maletín, como para perderlo ahora que lo tenía tan cerca.
continuará...
Cuando Esteban giró la calle se dio cuenta de que había reaccionado demasiado tarde, solo le dio tiempo a distinguir un coche entre la lluvia, un coche negro, eso es todo lo que pudo ver. Entonces empezó a recapacitar, no hacia mas que maldecirse por haberse parado a coger aquella rama que tenía en sus manos, pensó que sin ella hubiese alcanzado al tipo del traje, o que, al menos le hubiera dado tiempo a ver la matrícula del coche negro. Tras un rato maldiciéndose, Esteban no podía aceptar que aquel maletín se esfumase, y tras romper la rama con toda su rabia, decidió volver al bar a hablar con Eva, la cosa no podía quedar así, era demasiado el esfuerzo que había hecho para conseguir su objetivo como para que se le escapase cuando estaba a su alcance.
En el camino hasta el bar estuvo pensando. Esta vez no estaba nervioso, su cabeza solo buscaba maquinar un plan para recuperar el maletín, pero eran muchas las preguntas que le tenía que hacer a Eva, ¿Quién era ese hombre? ¿Por qué llamo por teléfono? Y lo que es más importante ¿a quién?
Cuando Esteban entro en el bar, la gente que había asistido a lo sucedido enmudeció, estaba empapado, y todavía en él se notaba el esfuerzo que había hecho para intentar coger al tipo trajeado. Esteban miraba a uno y otro lado del bar, buscaba a Eva, pero esta parecía que había desaparecido. La rabia de Esteban aumentaba cuando de pronto Eva apareció al fondo del bar, se miraron, era una mirada tranquilizadora y a la vez nerviosa, ella sabía que él no pudo alcanzar a aquel hombre, sin embargo, él se tranquilizó porque sabía que ella le podía ayudar, y además, aquella mirada le hizo sentir que no estaba solo en aquel lio que tan importante era para él.
Eva se acercó a él, le dijo que había estado hablando de lo ocurrido, que por eso había ido al servicio, donde nadie podría escucharla. Él como no podía ser de otra manera pregunto que con quien había estado hablando, en ese momento, el sonido del claxon de un coche invadió el lugar, seguido, ella le dio su móvil a Esteban, le dijo que lo mantendría informado, que no podía decirle más en ese momento, y corrió hacia el coche de la puerta que todavía tocaba el claxon.
Esteban volvió a casa, la lluvia había cesado, pero su ropa todavía estaba mojada de la lluvia, para tranquilizarse se dio una ducha, no paraba de darle vueltas a lo acontecido, y cada vez tenía más preguntas para Eva. Tras la ducha, Esteban se tumbo en el sofá de su apartamento, un sofá verde, verde esperanza pensó él, esperanza de volver a encontrarse con el maletín. Tumbado miraba el móvil, un móvil negro, parecía bastante caro, pues tenía pinta de ser uno de los últimos modelos, pero en ese momento pensó que eso no era nada interesante para él.
Estuvo trasteando el móvil, se preguntaba por qué Eva le había dado aquel móvil, miró la agenda, no había nada, ningún número, el móvil estaba vacío, Eva había borrado todo, mensajes, números, etc.… Esteban solo tenía que esperar, al fin y al cabo era lo único que podía hacer. Intento buscar ayuda en la red, hasta ahora todos sus problemas se habían resuelto desde ahí, esta vez era complicado, la situación le podía, pero ese maletín era demasiado importante.
Sin noticias de Eva, él no podía hacer nada, aun así sentía la obligación de tener que estar preparado, de que en cualquier momento ella lo llamaría. Pasó horas mirando el móvil, en la red busco información sobre lo que había en aquel maletín, nada nuevo, todo lo que encontraba ya lo sabía, se había convertido en la persona que posiblemente más sabia del tema.
Se hizo la noche y volvió la lluvia, como siempre, puntual, su familia se interesó por él, él como siempre también, frio y distante, quizás un poco menos de lo habitual, esta vez habló mucho tiempo con ellos, se sentía mas solo de lo normal, incluso pidió consejo para hacerse con un coche, algo le hacía pensar que lo iba a necesitar, pero él sabía que no podía hacerse con uno, y su familia esta vez no le podía ayudar.
Esteban seguía esperando que el móvil sonase, ya era tarde, había utilizado toda la tecnología que había en su humilde apartamento y todos sus utensilios para ponerse en forma, había pedaleado más de una hora con su bicicleta estática, para ver si le entraba el sueño, pero no podía dormir, nada mas echarse a la cama, las preguntas le invadían su cabeza, estaba muy tenso, asi que se tumbo en la cama para pensar, como siempre cuando necesitaba relajarse puso musica clasica muy bajita. Al final el sueño le pudo, muy tarde ya Esteban cayo dormido.
Por la mañana lo despertó el sonido de aquel móvil, rápido saltó de la cama, no sabía cuántas horas habían pasado desde que se quedó dormido, miró la pantalla de aquel móvil, no aparecía el numero, pero él no tenía dudas de que era Eva.
Efectivamente era ella, él contestó medio dormido, y ella le reprocho que era muy tarde para dormir. Estuvieron hablando, ambos habían echado de menos sus largos encuentros en la red, Esteban estuvo horas y horas esperándola hasta que se durmió, pero en ese momento no se lo iba a reprochar, lo más importante era que ella lo había llamado por fin, y que con ello, podía conseguir información sobre el tipo trajeado.
Tras una larga conversación, decidieron verse de nuevo, el móvil no era el medio para hablar del maletín, acordaron verse en un parque cercano a la casa de Esteban.
Esteban se acercó al parque en su único vehículo, en una bicicleta algo antigua, de la que no se sentía muy orgulloso, pero a la que le tenía mucho cariño. Cuando se vieron, una sonrisa se dibujo en la cara de los dos, estaban preocupados por lo perdido, pero a la vez ambos tenían la tranquilidad de tenerse ahí, de no sentirse solos. Esteban fue al grano, le pregunto por la llamada de teléfono, por el coche que la recogió, y sobre todo por el hombre trajeado. Ella le dijo que no era seguro hablar allí, que mejor que fueran a un sitio cerrado, él ofreció ir a su casa ya que estaba alli al lado, ella bromeó sobre si la iba a llevar en su bicicleta y aceptó.
Tras el chirrido que emitió la vieja puerta al abrirse, Esteban la invitó a pasar. Echó un vistazo al apartamento; no estaba muy acostumbrado a tener visitas y vivir sólo le hacía no esforzarse demasiado en mantener excesivo orden. Sin embargo, a Eva no pareció importarle. Como si no extrañara el lugar donde se encontraba pasó y se acomodó en uno de los sillones.
-¿Quieres tomar algo?, preguntó Esteban mientras arrojaba las llaves sobre una pequeña mesa.
- Eva hizo un ligero ademán con la cabeza para negar su invitación.
Esteban no insistió y se sentó justo frente a ella. Guardaron silencio y al cabo de unos segundos sus voces sonaron al unísono en un mismo intento por romper el hielo; Eva esbozó una leve sonrisa que desvelaba su preocupación.
Varios papeles y algún que otro recorte de periódico se esparcían sobre la mesa. Esteban había dedicado gran parte del día, y muchas de sus noches, a extraer la mayor información posible a cerca de aquello que era para Esteban y Eva un secreto y que ahora se les había ido completamente de las manos. La clave de su relación se hallaba en ese maletín; no podían dejarlo escapar ahora y sabían que tenían que afrontar juntos cualquier adversidad que se presentara.
- Hay alguien que puede ayudarnos y que está al tanto de todo lo que ha ocurrido. Fue a él a quien telefoneé en la cafetería en el momento de lo ocurrido- dijo Eva.
Esteban se quedó pensativo por un instante. Pensaba que sólo ellos dos eran los dueños de aquel secreto que tanto atesoraban. Le aliviaba la idea de que hubiera alguien que aportara pistas e orientara el rumbo de su búsqueda. Sin embargo, le decepcionó saber que aquello no quedaba en un asunto que concernía solamente a ellos dos. Eva no tenía derecho a compartirlo con nadie.
- ¿Por qué…?- dijo Esteban.
- Lo siento, interrumpió ella.
Eva se levantó y empezó a deambular cabizbaja por el apartamento. Emilio es un tipo con bastante influencia -prosiguió Eva- y es la única persona que puede llevarnos hasta el maletín. Debemos tener cuidado. Los tres corremos peligro.
El móvil de Eva empezó a sonar. Lo cogió rápidamente y sin mediar palabra alguna en un breve instante dio por terminada la conversación.
- ¿Qué ocurre? Preguntó Esteban.
Sin desvelar su identidad alguien quiere que acuda esta noche a la cafetería del día anterior.
Sabían que hacerse con el maletín no era suficiente. Esteban y Eva guardaban una información sumamente importante, sin embargo era vital recuperar el maletín.
Acude a esa cita- dijo Esteban. Yo estaré cerca por si me necesitas.
Eva salió del apartamento, había parado de llover y decidió ir andando a casa.
Seguidamente después de abandonar Eva el apartamento. Esteban se encaminó hacía la cocina, la cual se desarrollaba en los escasos metros cuadrados del salón, integrada por una rancia hornilla, una nevera y una pequeña despensa. Abrió la puerta de la nevera y observó que en ella solo quedaban varias latas de cola, alguna que otra pieza de fruta y un poco de fiambre envuelto en un ridículo tozo de papel de aluminio desquebrajado; con el encuentro y el posterior desencuentro del maletín, había olvidado bajar al supermercado para repletarla. Su estómago rugía, no recordaba cuando se llevó por última vez algo a la boca, alargó su mano hacía el fiambre y se incorporó para sustraer de la despensa dos rebanadas de pan.
Después, Esteban devoró el sándwich y caminó a su habitación, al llegar se derrumbó sobre su viejo colchón como si un misil lo hubiese alcanzado de lleno, al día todavía le quedaban muchas horas de vida y él se sentía en ese momento pulverizado. Como venía siendo normal en las anteriores noches, no podía conciliar el sueño, así que se levantó levemente e intentó encontrar algo a su alrededor que lo distrajese, tomó el libro que días antes de la cita con Eva había comenzado a leer. Leídas las primeras líneas, se introdujo por completo en la historia.
Unos minutos después de iniciar la lectura escuchó un sonido, un sonido unísono y seco más que a Esteban le era familiar, conforme se acercaba a él cayó en la cuenta de que se trataba del timbre, hacía tanto tiempo que nadie lo picaba. En ocasiones, se sentía mal por ser un chico tan reservado, esa faceta potenciaba que el poco contacto que mantenía con personas fuese por medio de la red o bien cuando se cruzaba con ellas por la calle o en sus cortas visitas al pequeño supermercado de la esquina de su calle, donde cada semana se acercaba para comprar lo necesario para sobrevivir.
Sin hacer caso a la mirilla de la puerta, Esteban deslizó el cierre de seguridad y agarrando el pomo la abrió. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo al apreciar que la persona que lo visitaba era de nuevo Eva –¡Otra vez tú aquí!- se exclamó para sí mismo, sin embargo; a él su presencia no le molestaba sino todo lo contrario, y eso lo percibió la chica en el momento que lo saludó puesto que este se ruborizó.
Le pidió que pasara. Estaba completamente empapada, no hacía mucho que se había marchado y eso a Esteban le inquietaba.
- ¿Por qué has vuelto, qué ha sucedido? ¿No nos íbamos a encontrar esta noche en la cafetería? – preguntó Esteban con un poco de miedo.
Eva no contestó, temblaba, la fría lluvia estaba calándole sus huesos; Esteban la dejó sola en el salón, y fue hacía su habitación. Cuando regresó, la chica contempló que él traía en sus manos algo.
- Pasa al baño, puedes ponerte esto, sé que no es de tu talla pero ayudará a que no cojas un resfriado.- dijo Esteban mientras le alargaba una de sus camisetas y una toalla.
La chica pasó directamente al baño sin mediar palabra. Esteban se acomodó en uno de los sofás, elevó su mirada hacia el techo de la habitación percibiendo su estrechez y dándole vueltas al por qué de la visita de Eva, estaba un pelín mosqueado pero junto a ella se sentía bien, desde el primer momento congeniaron, su interés por el maletín sumado a las conversaciones que habían mantenido antes de conocerse estaban creando en él un sentimiento que no albergaban en su interior desde años atrás.
Salió Eva del baño, en el momento que retornaba dirección al salón, Esteban desvió su mirada del techo para concentrarla en ella, al verla con su camiseta la cual le quedaba enorme a pesar de que Esteban no era un chico muy corpulento, y con el cabello liberado de la estricta coleta con la que siempre la había visto se sorprendió. Desde la primera vez que la vio no se había detenido a examinarla con detalle: esos dientes perfectamente alineados cercados por unos labios rosados y delicados; la larga melena castaña que deslizaba uno de sus mechones dejando entrever uno de sus ojos; sus grandes ojos verdes, tan verdes que las esmeraldas junto a ellos pasarían desapercibidas...
-Es tan, tan ... maravillosa- pensó Esteban mientras tragaba saliva; no podía creerse lo que estaba sucediendo –No, no, no puedo y menos de Eva- se repetía una y otra vez intentando convencerse.
A la vez que Eva se acercaba al sofá donde él se encontraba, el ritmo del corazón de Esteban se aceleraba.
- Muchas gracias, gracias por dejarme tu camiseta, y gracias sobre todo por seguir confiando en mi- mencionó Eva sentada justo al lado de él; Esteban no dejaba de contemplarla y observó que una lágrima le deslizaba por su mejilla derecha.
- No te preocupes por la camiseta, tengo más- irrumpió Esteban terminado la frase con una sonrisa para calmarla. - Puedes estar segura de que el maletín pronto estará en nuestras manos- prosiguió diciendo el chico.
En cuestión de segundos, la chica se abalanzó sobre él y ambos se deshicieron en un abrazo. A Esteban nunca se le había pasado por la cabeza sentir lo que en esos momentos sentía, para él era agradable sentirla tan cerca. Eva se despegó de él pasados unos minutos, alzó su mirada y él la correspondió, mas Esteban no imaginaba lo que posteriormente le sucedería. Eva fundió sus labios con los de Esteban en un cálido beso, un tierno beso, un beso que podría complicar dicha relación o por el contrario ser el comienzo de una bella historia de amor.
Esteban no quería de aquello terminase, le gustaba, le gustaba tanto que su vello se le erizó; hasta que una de las hojas de la ventana se abrió con un rechinamiento provocado por una ráfaga de viento. Se despertó, Esteban no quería ser consciente de que lo que había sucedido solo hubiese sido un sueño.
Se dirigió a la ducha, tenía que ponerse a trabajar, no podía estar sin hacer nada. Después de la ducha, se miró al espejo, y no se reconoció. Estaba muy cambiado, quizás el estrés de la situación, tanto trabajo, y ahora lo que tanto había buscado estaba en malas manos.
Tras la ducha decidió ponerse a trabajar. Se sentó frente a su portátil, y vio que tenía un par de correos nuevos. El primero era correo no deseado, que directamente eliminó. Sin embargo el segundo era de Jonh. Por supuesto este no era su verdadero nombre, no lo conocía personalmente, pero habían trabajado juntos a través de la red durante mucho tiempo. El asunto del correo decía: "Los he encontrado". Esteban no sabía qué quería decir con eso, y de inmediato abrió el correo.
"Hola Banstev, estoy al tanto de lo ocurrido en la cafetería con el maletín. Sabía que había mucha más gente detrás de esto. Tras nuestras últimas operaciones observé el rastro de un tal Smith. Busqué un poco y no fue difícil saber que proviene de una compañía llamada RSCorp.
Creo que tienen el maletín en su sede de la ciudad. Te adjunto un mapa de la localización del edificio.
No se qué te traes entre manos, pero parece que hay mucho dinero de por medio. Esta compañía tiene gente muy influyente entre sus dirigentes. Ten cuidado.
-- Jonh :P"
Esteban se quedó perplejo tras leer el correo. No sabía que Jonh estuviera tan bien informado. Quizás tenía relación con Eva. De todas formas esto no tenía importancia. Debía recuperar lo que era suyo, o esa maldita compañía lo utilizaría.
Rápidamente se puso en contacto con su amigo Eduardo. Eduardo era un arquitecto retirado, que había trabajado toda su vida para el ayuntamiento de la ciudad. Tenía acceso a todos los planos de todos los edificios, y concretamente este lo había diseñado él. Era una suerte que Eduardo fuera un gran amigo de su padre, tiempo atrás, y Esteban guardaba gran confianza con él.
La mente de Esteban estaba repleta de ideas, estaba exaltado, había llegado el momento que sabía que llegaría. Abrió el armario, y allí vio todo el equipo que había reunido en los últimos meses. Se puso el traje negro y las botas. Cogió la mochila y empezó a seleccionar el equipo que creía iba a necesitar. Una cuerda, una linterna, unas gafas de visión nocturna, y un machete que no esperaba tener que utilizar.
De repente sonó el teléfono, sabía que era Eva.
-Si... -Esteban, soy Eva, ya se dónde está el maletín. -mmmm. Yo también, voy a recuperarlo. -Dijo Esteban, pensando que Eva tenía más relación con Jonh de la que él creía. -Lo tenemos todo controlado, en un par de días lo tendremos de nuevo. -No puedo esperar tanto. -¿Qué vas a hacer? Son las tres de la madrugada. -Voy a entrar. - Dijo Esteban decidido -Vale, te comprendo. Voy contigo.
Esteban oyó el molesto pitido. Eva había colgado, y él no había podido contestarle. Ella venía de camino, y esto le puso mucho más nervioso.
Cogió una caja de estimulantes, pensaba que esto le ayudaría si tenía que enfrentarse a algún guarda de seguridad. Sabía que el maletín estaría protegido, pero no había otra alternativa.
Esteban estaba esperando en la puerta cuando Eva llegó. Subió rápidamente al coche, y sin mediar palabra, Eva salió derrapando, en dirección al edificio.
-¿Cómo piensas hacerlo? -Dijo Eva. -He consultado los planos del edificio, entraré por los conductos de ventilación. -Un clásico. Entraré contigo. -No. No tenemos el equipo necesario para dos personas, además es peligroso, lo haré yo solo. -Dijo Esteban con determinación. -Vale, entonces te esperaré fuera. -Soltó Eva de mala gana.
Aparcaron el coche dos calles por detrás. El edificio se levantaba en sus 20 plantas, gigantesco en comparación con el paisaje.
Esteban miró a Eva a los ojos, y la besó.
-A qué ha venido eso. -Dijo Eva sorprendida, pero no disgustada. -Tenía que hacerlo. -Dijo Esteban mientras bajaba del coche y echaba a correr calle arriba.
Mientras corría abrió la caja de estimulantes y tomó una pastilla. El corazón le palpitaba con fuerza, sabía que esto sería peligroso. Era lo más peligroso que había hecho hasta ahora.
Se acercó al muro por la parte más baja, esquivando la cámara de seguridad que vigilaba esa zona del edifico. Y utilizando sus dotes de escalada, con un par de movimientos estaba en cuclillas sobre el muro de tres metros.
Desde su posición podía ver al guardia que exploraba la zona exterior del edificio. Sólo había uno, no sería difícil llegar al edifico sin ser visto.
Saltó desde lo alto del muro, y se movió con rapidez a través del aparcamiento que vigilaba el guardia, siempre buscando las sombras que lo protegían.
Llegó a la pared del edificio. Era completamente de cristal. Según los planos que había explorado, había una ranura de ventilación por la que poder entrar a una altura de 5 metros. Sacó la cuerda de la mochila, y comenzó a escalar por la plana pared. Creía que la escalada no sería problema, pero resultó ser más complejo de lo esperado. A mitad de camino se dio cuenta de que el guarda aparecía tras la esquina. Si no se daba prisa, lo pillarían.
Esteban aceleró, sus músculos ardían, se estaba esforzando al máximo, y los estimulantes parecían no hacer efecto aún. El guarda se acercaba, y volvió la cabeza hacia el muro donde Esteban colgaba.
De repente se oyó una voz, gritaba en la puerta principal, mientras la aporreaba.
-¡Guarda, ábrame la puerta, me he dejado las llaves en la oficina!
El guarda se dio la vuelta, y se dirigió a la puerta principal. Mientras tanto Esteban subió el tramo que le quedaba, y recogió la cuerda. Oyó la voz de nuevo, a lo lejos. Sabía que era Eva.
-Ah, no perdone, están aquí, gracias de todos modos.
Ya estaba dentro, ahora sólo sería necesario encontrar dónde se había guardado el maletín. Observó por una ranura, y vio que había luz. Se oían varias voces, estaba en un pasillo, y había demasiada gente para la hora que era.
Esteban se movió lentamente por los conductos de ventilación, recordaba cada rincón del edificio que había visto en los planos. La memoria de Esteban era prodigiosa, nunca olvidaba una imagen. Se dirigió a los servicios de la planta.
Una vez verificó que no había nadie, bajó acrobáticamente. De repente oyó pasos, y se escondió tras la puerta. Entró un hombre con traje. Llevaba la corbata medio desabrochada y estaba remangado, parecía estresado. Esteban se acercó a él lentamente, por detrás, mientras este estaba meando. Con un rápido gesto le tapó la boca con la mano izquierda, y con la derecha, cogió el brazo derecho del desconocido y lo retorció por su espalda.
El hombre intentó gritar, pero ya estaba inmovilizado. Esteban le susurró al oído unas amenazadoras palabras.
-Ahora voy a soltarte, y me vas a contar dónde tenéis guardado el maletín que robasteis ayer.
El hombre estaba muy asustado, y gesticuló con la cabeza afirmando. Esteban pensó que esto quizás fuera más sencillo de lo esperado. Con un rápido movimiento, soltó la boca del hombre, agarró el machete, y lo llevó a la garganta del hombre inmovilizado, apretando hasta hacerle sangrar.
-Ahhh, Ahh, te lo contaré todo, por favor, no me hagas daño... Estamos intentando descifrarlo lo antes posible, todos están en la sala de máquinas, en el sótano. -Dijo el hombre asustado. -mmm... ¿Y qué hace tanta gente en esta planta? Me estás mintiendo... -No, no, aquí está la sala de juegos, nos estamos relajando, mientras intenta resolverlo el otro grupo... -Vale, te creo.
Esteban golpeó la cabeza del hombre con el mango del machete, esperando que cayera inconsciente, pero sólo consiguió que sangrara. Para evitar que gritará Esteban introdujo la cabeza del hombre en el váter, mientras este pataleaba, hasta que dejó de moverse.
Esteban atrancó la puerta, y subió de nuevo a la zona de ventilación. Ya sabía dónde tenía que ir. Tenía poco tiempo, puesto que alguien echaría de menos al desdichado hombre. Y sobretodo tenía que evitar que consiguieran descifrar los datos que había perdido. Ahora tenía que buscar una forma de bajar al sótano sin ser visto.
Sigilosamente, Esteban continuó andando a gatas por los conductos de ventilación, gracias a los planos que le había enseñado su amigo Eduardo, no tuvo ningún problema para llegar hasta la sala de juegos.
Se escuchaban muchas risas, la gente parecía divertirse mucho. Había muchas personas jugando al billar, mientras otros jugaban a las cartas, observó Esteban desde la rejilla del conducto. Justo por debajo de él, se hallaban cuatro personas sentadas en una mesa, jugando a las cartas y bebiendo cerveza, de pronto se escucho:
- Joder Marcus, otra vez nos has ganado, llevas cinco partidas seguidas.
- La suerte esta de mi lado. - Exclamó Marcus, con una sonrisa dibujada en su rostro.
- Bueno pues yo voy al baño, que llevo meándome ya un buen rato. - Dijo uno de los allí presentes en la mesa.
- Pero no tardes mucho que os voy a dar otra paliza a todos. - Exclamó Marcus, sonriendo con más descaro todavía que la vez anterior.
- Bueno chicos, vuelvo en seguida. - Y se fue a paso ligero camino del baño.
Esteban estaba muy inquieto, ya que sabía que en el baño descubriría el cadáver y no tardarían en dar la alarma. De pronto se escucho un móvil, era el de Marcus.
- Sí, dígame.
- Marcus, estamos intentando descifrar los documentos del maletín, pero nos es imposible, necesita un programa de desbloqueo del que nosotros no disponemos. - Dijo un miembro del grupo encargado de descifrar los documentos del maletín.
- Bueno, ¿y tenéis algún plan?
- Sí, conocemos una persona capaz de descifrar esto sin problema alguno, pero se encuentra a cuatro kilómetros de aquí.
- Por eso no hay que preocuparse, venga coged todos los documentos y poneros en contacto con esa persona, que no disponemos de mucho tiempo, estos documentos son sumamente importantes.
- Vale, pues vamos para allá, cuando tengamos noticias te llamamos.
- Muy bien, que así sea, estaré esperando la llamada. - Marcus colgó el teléfono y se dispuso a decirle a sus compañeros lo ocurrido.
Dicho todo, todos se incorporaron para abandonar el edificio. Esteban estaba muy enojado, todo lo que había pasado para llegar hasta allí, para nada, para ver como se iban todos con su preciado maletín a otro lugar, cuyo paradero desconocía.
Cuando se disponían a salir, al fondo del pasillo se escucho un grito muy fuerte.
-``¡Hay un cadáver en el baño!´´ Chicos aquí hay alguien que debe de estar espiándonos, Frank esta muerto, alguien lo a asesinado. - Todos se quedaron anonadados, no se esperaban tan desagradable noticia.
- Esto no va a quedar así, vamos a buscar a ese entrometido y le vamos a dar una lección. - Dijo uno de los mandamáses del grupo.
Ya no había tiempo que perder, le estaban buscando, y él seguía en el conducto de ventilación del sótano. Con decisión, Esteban agarro la rejilla y la forzó hasta conseguir desprenderla del conducto, salto con mucha agilidad y sin hacer mucho ruido, una vez dentro, solo tenia que conseguir apagar los fusibles antes de que lo descubriesen. Lo difícil era llegar hasta los fusibles, ya que todos estaban buscándolo por todas las habitaciones.
Se escondió debajo de la barra donde servían las bebidas, solo podía esperar, se escuchaban las voces y los movimientos de muebles arrastrándolos, cada vez estaban más cerca de él.
Entraron a la sala de juegos, empezaron a ponerlo todo boca abajo, se acercaban cada vez más y más a la barra, estaban a punto de descubrirlo y él no podía hacer nada, eran muchos. De repente uno de ellos gritó:
-¡Mirad ahí, el conducto de ventilación! ¿Os habéis dado cuenta? Falta la rejilla, debe de haber escapado por ahí, meteos dos por el conducto mientras nosotros seguimos buscándolo por las demás habitaciones.
De pronto los hombres que estaban a un paso de la barra, se dieron la vuelta y procedieron a subirse por el conducto de ventilación, los demás salieron de la habitación para seguir buscándolo. Había estado muy cerca de ser descubierto, pero tuvo suerte, quizás demasiada. Muy silencioso y sigiloso, salió de la sala para poder acceder a la sala de los fusibles, ya que ésta también había sido registrada por aquellos hombres que lo buscaban desesperadamente para matarlo. Una vez allí apagó todos los fusibles, y lo dejo todo muy oscuro, no se veía nada.
Sacó de su mochila las gafas de visión nocturna y se las colocó, ya jugaba con mucha ventaja, pero aún así, no disponía de mucho tiempo, tenía que escapar como fuera, echó a correr hasta la puerta de salida, tardo ocho minutos en poder acceder a ella, pero lo consiguió y pudo huir.
Una vez fuera, corrió como nunca lo había echo hacia el coche de Eva que se encontraba dos calles por detrás de aquél edificio gigantesco.
Cuando llego al coche no pudo dar crédito a lo que veían sus ojos, la ventanilla del conductor estaba reventada, y Eva no se hallaba en el vehículo. Esteban se puso a temblar, estaba muy nervioso, se acercó al coche y leyó una nota que le habían dejado en el asiento el cual minutos antes había sido ocupado por Eva.
- Si la quieres ver con vida, te espero a las 22:00 en la cafetería, no hace falta que te diga cual, ¿no? Tú ya lo sabes. Si llamas a la poli o haces alguna tontería, olvídate de ver a tu amiguita con vida.
Esteban estaba destrozado, no sabía que hacer, miró el reloj y solo faltaban cuarenta y cinco minutos para asistir a aquella maliciosa cita, no podía faltar, si algo le pasara a Eva no se lo perdonaría nunca.